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Sembrando

Nuevos horizontes

En tiempos de intuir nuestros nuevos horizontes se me ocurre pensar en Colombia, un país que posee récords importantes en algunos aspectos cuestionados: el maltrato a las mujeres, el desplazamiento interno, la explotación de menores, ser el segundo proveedor en el mundo, después de Rumania, de modelos para las páginas Webcam…

La página webcam es una plataforma tecnológica que permite que se conecten para chatear quienes pagan por usar sexualmente a las personas y modelos (mujeres que se desnudan, solas o acompañadas, para entretener a través de computadora y cámara). Estas conexiones se realizan desde estudios que poseen herramientas tecnológicas súper-rápidas en internet y plataformas de pago que permite hacer transacciones con tarjeta crédito o en moneda virtual para que los demandantes cancelen los "servicios" que solicitan.

La realidad social del país, ligada a la desigualdad, la pobreza, la dificultad para acceder a la educación superior, la escasez de oportunidades, el desempleo, lleva a jóvenes violadas, extorsionadas, tratadas, de escasos recursos, estudiantes que necesitan trabajo o jóvenes que desean alcanzar independencia financiera, a dedicar 6 u 8 horas diarias a esta “actividad”.

El auge en Colombia es tan grande (se estima que más de 20.000 mujeres a diciembre 2017 y más de 35.000 personas dedicadas a esta “actividad” en diciembre 2018), que ya existe en Medellín una universidad que brinda a las aspirantes, herramientas de persuasión, seducción, posturas corporales, ajuste de ángulos, creatividad. La persona debe aceptar que no está haciendo nada malo, que está vinculada al entretenimiento de adultos, ser coqueta, divertida, saber posar frente a las cámaras.

Ya hay numerosas historias de mujeres que han tenido que acostarse con los productores de los estudios, otras han sido golpeadas, abusadas, esclavizadas, extorsionadas, chantajeadas, obligadas a tener relaciones sexuales frente a la cámara, con riesgos grandes en términos de seguridad física, emocional e íntima y explotación laboral.

Aunque ellas afirman que lo que realizan no es prostitución porque nadie las toca, sólo se disfrazan y hacen shows para enamorar a sus seguidores, algunas personas afirman que es algo denigrante, lo catalogan como prostitución; otras aseveran que es una modalidad de abuso sexual; que es una prostitución disfrazada, más elitista, no la que se para en la calle; que los estudios webcam son la puerta de entrada para las víctimas de delitos sexuales y ser modelo webcam es una nueva forma de explotación sexual.

En Colombia las webcam a pesar de ser una práctica entre lo legal y lo ilegal, no está reglamentada por las autoridades pero la Ley 1943 de 2018, denominada de financiamiento, en el Artículo 65 que adiciona un parágrafo al Art. 368 del Estatuto Tributario -E.T, establece el impuesto al negocio de la pornografía a través de las webcams, quedando una pregunta planteada: ¿A través del impuesto a este negocio sexual se está dando status/aprobación a una práctica aceptada?

Finalmente agregar que esta “actividad”, sin profundizar en los aspectos espiritual y sicológico, tiene efectos nocivos en la lucha por los derechos de la mujer porque reproduce valores negativos de la libertad y el uso del cuerpo; resulta además fácil de evidenciar la relación que puede existir entre los estudios sin control con los delitos de trata de personas con fines de explotación sexual y la pornografía infantil (en Ibagué encontraron un estudio con menores de edad), entre otros.